¿MERECE LA PENA SEGUIR ROOTEANDO Y/O CAMBIANDO DE ROM?


Con el salto de Android a la versión 4.0 la escena de desarrolladores entró en auge. Cyanogen y MIUI continuaban evolucionando mientras que llegaron nuevos equipos de desarrollo como AOKP o los maravillosos chicos de Paranoid Android entre otros muchos. Durante este periodo de tiempo tener una ROM significaba tener un sistema que iba mucho más allá del fabricante, pero la cosa cambió.

Con Android 5.0 Lollipop las ROMs comenzaron a caer en un declive. Cada vez era más difícil innovar y traer nuevas características, por lo que comenzaron a perder fuelle. Para muchos la única baza que seguían ofreciendo era un rendimiento superior, que con la llegada de Marshmallow volvió a quedar en entredicho. Hoy hablaremos de un tema recurrente en la escena Androide. ¿Merece la pena a día de hoy rootear nuestro teléfono o cambiarle la ROM?



Las características exclusivas de las ROMs cada vez son menos exclusivas

Puede ser que con el paso de los años nos hayamos vuelto más exigentes, pero la verdad es que cada vez nos apasionan menos las ROMs personalizadas. En unos años han pasado para muchos usuarios de ser un elemento imprescindible a ser algo “que está bien”, y de ahí otros tantos han dado el salto al “me da igual instalar una ROM”. Cada vez conozco menos gente que instale una ROM en sus teléfonos, y al menos en mis círculos ya quedan muy pocas personas que cambien la ROM a su teléfono.


¿Qué ha sucedido? ¿Es que la gente se ha vuelto aburrida de repente? La verdad es que existen muchos motivos y causas por las que cada vez existen menos flasheadores. El primero de los motivos es el de las actualizaciones. Ya en la época los que cambiábamos la ROM del teléfono éramos una minoría, y entre esa minoría había un motivo muy común para cambiar la ROM, y era estar actualizado a la última versión de Android.

Los usuarios que cambiamos de ROM siempre fuimos una minoría

Es cierto que Android no ha cambiado mucho, que sigue existiendo mucha fragmentación, pero ha habido un cambio en la tendencia de los fabricantes. Un caso muy notorio fue el del Galaxy S original, que habiendo nacido en 2010 no recibió una actualización que salió a finales de 2011 (Ice Cream Sandwich), y eso en la época era muy frecuente. A día de hoy eso no es algo que suela pasar en la gama alta, ya que incluso en la gama media estamos recibiendo un mejor soporte que antaño. Por citar un ejemplo, podemos señalar al Xperia Z3, teléfono de 2014 que se encuentra en el programa de betas para recibir Android N. Aún nos queda mucho camino que recorrer en Android, pero andamos hacia adelante.

Otro sector de los usuarios que utilizaban ROMs han desistido con el paso de los años, y es porque ya no buscan tener la versión más moderna del mercado. Ya sea por las capas de personalización de los fabricantes o por la propia evolución de Android, las características que les motivaban a cambiar la ROM ya se encuentran en su teléfono de serie, por lo que no se van a molestar en el proceso de cambiar una ROM para algo que ya tienen.


Porque instalar una ROM es un proceso que cuesta tiempo y requiere conocimientos. Esa siempre ha sido la principal barrera para evitar que muchos se pasen al lado oscuro y todo apunta a que en el futuro no va a mejorar la cosa. Además de la molestia del proceso, los fabricantes cada vez incluyen más código propietario en sus teléfonos, obligándonos a sacrificar rendimiento en componentes como la cámara de fotos.

Por último, también nos encontramos con una variable que hace que cada vez merezca menos la pena cambiar una ROM. Google es la compañía que lidera el desarrollo de Android como sistema operativo. En las últimas versiones hemos observado una tendencia clara, y es que Android cada vez va absorbiendo más funcionalidades de las capas de personalización o ROMs personalizadas. Google está estandarizando las características de las ROMs, dejando un menor margen de maniobra a los cocineros.

El root también está de capa caída, y cada vez es menos necesario


Además de las ROMs, el propio root también se encuentra de capa caída, y cada vez merece menos la pena. Recuerdo que antaño para cada cosa que me pareciese chula en Android hacía falta tener el teléfono rooteado. Hoy en día existen muchas características que podemos hacer en nuestro teléfono sin necesidad de root. Esto se debe a que las herramientas nativas de Android permiten a los desarrolladores hacer mucho más sin acceder al sistema.


Por otro lado, el sistema operativo tiene algunas características internas para las que hace unos años era necesario el root. Un ejemplo para ambos casos es el cambio del DPI de nuestra pantalla, para el cual era necesario utilizar herramientas para desarrolladores o aplicaciones root. Con el paso de los años han aparecido aplicaciones capaz de hacerlo sin root, y en Android N lo podremos cambiar desde los ajustes del sistema. Otro ejemplo muy interesante es el de Titanium Backup, y es que a pesar de ser indiscutiblemente la mejor aplicación para hacer copias de seguridad, la sincronización en la nube de cada vez más aplicaciones y juegos hace que quede relegada a un segundo plano.

Por último nos toca mencionar Android Pay. El sistema de pagos móviles para Android no funciona si nuestro teléfono está rooteado. A día de hoy no es una característica que nos vaya a hacer abandonar el root, pero si cada vez utilizamos menos aplicaciones, la restricción de Android Pay será fundamental en un futuro.

Aún nos quedan motivos para aferrarnos al root y las ROMs

¿Están condenadas las ROMs y el root a desaparecer? Podría ser apocalíptico y afirmarlo rotundamente, pero a pesar de que las ROMs y el root estén en desuso esto no significa que vayan a desaparecer. A pesar de todos los cambios, las ROMs siguen siendo necesarias por varios motivos.

En primer lugar volvemos a hablar de los fabricantes y las actualizaciones. Es cierto que la cosa ha mejorado, que andamos hacia adelante y todo eso, pero miremos las cifras de adopción, siguen siendo muy mejorables. Si a este soporte mejorable añadimos que no siempre nos convence la capa de personalización de nuestro fabricante o que a veces las actualizaciones son un desastre, motivos siguen existiendo para cambiar de ROM.


Por otro lado, aunque la comunidad ya no ofrezca las mismas innovaciones que hace unos años , a veces nos dan la sorpresa con alguna nueva característica o aplicación. Una de mis alternativas favoritas de las ROMs son SlimRecents, que cambia el aspecto visual de la multitarea por algo más liviano u Omniswitch, otra excelente alternativa. Por otro lado, una de las últimas características que más me han llamado la atención es la posibilidad de crear nuestra propia fuente personalizada, algo que por ahora solo se puede hacer con root. Tampoco nos podemos olvidar del bloatware que solo se puede eliminar con root.

Últimamente el mercado ha continuado evolucionando para adaptarse a las necesidades de los clientes, y del mismo modo los clientes hemos evolucionado a la hora de elegir nuestro terminal perfecto. En el pasado, un motivo para cambiar la ROM era nuestro inconformismo con los fabricantes. ¿Pero y si los desarrolladores de nuestra ROM favorita fuesen los encargados de dar vida al sistema de nuestro teléfono?

Uno de los teléfonos que más impacto me causó allá por 2011 fue el Xiaomi Mi M1. En aquella época Xiaomi no era el gigante colosal que es hoy, sino una compañía que sería la encargada de crear el MIUI Phone. MIUI siempre ha sido una de las ROMs de Android más populares, y la idea de que existiese un teléfono que fuese a recibir el apoyo de MIUI no hizo más que emocionarnos.


Posteriormente Cyanogen se consolidó como compañía, y entonces el Cyanogenphone llegó. OnePlus One fue otro de los teléfonos con mayor hype del momento por la misma causa. Desafortunadamente la relación entre Cyanogen y OnePlus no llegó a buen puerto, pero los chicos de OnePlus reclutaron a algunos desarrolladores de ParanoidAndroid para crear Oxygen OS mientras que Cyanogen siguió sus andanzas con otros fabricantes.

La cuestión es ¿Merece la pena comprar un teléfono para cambiar la ROM cuando tenemos lo mejor de los desarrolladores ya en teléfonos comerciales? Xiaomi, OnePlus e incluso Zuk son ejemplos de teléfonos que si eres fan de las ROMs personalizadas te dejarán muy contento.

Conclusión: La libertad no entiende de modas

Android es un sistema operativo muy joven, pero ya ha pasado por las épocas suficientes para que nos planteemos hacia donde va todo. Las ROMs personalizadas han contribuido en gran medida al desarrollo de Android, e incluso han abierto una veda. Gracias a las ROMs tenemos fabricantes que se salen del marco tradicional y tenemos una alternativa cuando nuestro fabricante opina que nuestro teléfono está obsoleto.

No obstante, cada vez hay un menor margen de diferencia entre las mejores ROMs y el Android que Google desarrolla día a día, lo que nos hace cuestionarnos si realmente merece la pena cambiar de ROM. En el futuro la cosa será incluso más homogénea, reduciendo aún más la brecha y haciendo que no merezca la pena cambiar.



Esto puede parecer algo negativo, pero no lo es. Las ROMs nacieron como una alternativa a un producto que estaba muy verde. Si hoy en día las ROMs son más prescindibles es porque Android ha evolucionado y hay muchos menos errores que solventar. Si en algún momento dejan de existir motivos para cambiar la ROM significará que Android será un sistema que borde la excelencia, donde no sea necesario realizar cambios, porque todos los cambios que necesitamos estarán ahí. Pero mientras ese momento llegue, las ROMs seguirán estando ahí, y aunque merezcan o no la pena, seguirán siendo nuestro grito de libertad.

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